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El papel del papel

Historia de una investigación de andar por casa. Alias Torlonio
December 15 2018



Cuando mi hija Elvira nació recibí un autentico regalo de las estrellas, más dos oportunidades que no dejé escapar. Una, como hombre, a través de los cuidados y continuos juegos a tiempo completo con mi hijita, pude sanar mi propia infancia, atroz, marcada hasta lo indecible de abusos y violencia. La otra fue como pintor; pude estudiar sobre el terreno, cómo un ser humano se inicia, si es que esto sucede, en los rudimentos del dibujo y de la pintura. Sé que siempre dibujé de niño, ¡y a dos manos! pero por desgracia, no recordaba el inicio de este acto, que en mi caso, abarca el total de mi experiencia. Por mi parte, yo no pretendía forzar nada, pero fue inevitable que el bebé le quitase de las manos los aperos de dibujar a su padre, ya que era normal verme dibujar a cualquier hora del día. Al principio mis lápices y rotuladores acabaron tronchados y decapitados, ya que fueron utilizados como herramientas de percusión y excavación, sobre el papel y sobre el suelo o la pared. En un periodo breve, además de coger de mis manos lápices, ceras y pinceles, mi bebé prefirió utilizar por sistema el papel en el que estuviese yo trabajando o aquel que hubiese ya utilizado, evitando así el problema de "la hoja en blanco". De esta manera más bien salvaje, cubría mis dibujos con garabatos feroces. Esto me obligó a duplicar mi velocidad en el dibujo, ya de por sí rápida e irreflexiva. Con el paso del tiempo sus garabatos empezaron a armonizarse con mis diseños, dirigiéndose los tachones a zonas concretas, demostrando así su incipiente comprensión del nuevo lenguaje representativo. Todo ocurría con ligereza. Mientras ella aprendía a hablar, pasó de garabatear mis dibujos a hacer los suyos propios. De entrada, dije que fueron excavaciones sobre el papel; luego garabatos de resistencia, hasta la extinción de las puntas; después surgieron formaciones abstractas, de "la nube" fuimos a la composición sólida, reflejando el dominio del espacio bidimensional; por último se independizó y comenzó a servirse de superficies limpias, haciendo su incursión en el mundo perceptible. Aparecieron así las caras y por añadidura todo lo demás.
La mayor sorpresa me la llevé cuando entre los tres y cuatro años, vi a mi hija utilizar unas tijeras romas para hacer collages. Estos eran realmente sorprendentes y significativos, de una belleza e ingenio minimalista superior a lo almacenado en museos ¿Pero cómo? Yo adoro esta técnica mas nunca la había utilizado con mi hija, por engorrosa; por otro lado he de señalar que yo jamás empleo las tijeras para hacer recortes, sino que corto el papel burdamente a mano. Pero ella, de la noche a la mañana demostraba maestría en el uso de las tijeras.
Estos sucesos tuvieron lugar en la segunda mitad de la década de los 90´s. Guardé durante años un montón de sobres y carpetas con dibujos locos y demediados, aparentemente chafados, que no me atrevía a tirar. Estos bultos nos acompañaron por un periodo de tres mudanzas. Este material, en el fondo de mi corazón representaba las pruebas de campo de mi investigación de andar por casa, de cómo son los primeros pasos en el desarrollo del dibujo de un niño. Fue una oportunidad única para volver a verlo con mis propios ojos, pero esta vez sin el velo del olvido, por donde nuestras infancias tienden a desaparecer. De aquí surgen las 130 piezas que componen la colección de collages El papel del papel T



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