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De la disciplina del retrato

O porqué pintar retratos siempre. Alias Torlonio
January 16 2019



Desde hace muchos años considero que uno de los ejercicios pictóricos más puros y menos dados a engaños e intoxicaciones ajenas al arte de pintar, es la disciplina del retrato. En este artículo trataré de explicar brevemente por qué digo esto.
Es muy sencilla mi teoría, si el retratado no es reconocible, ¡pues no hay retrato! No hablo de las copias fotográficas que todos podemos ver porque abundan, de seres pintados tan reales que parecen figuras de cera, de tal forma que solo les falta una mecha en la cabeza para poderles prender fuego adecuadamente. Pero aún buscando la semejanza debemos de tener la suficiente lucidez como para entender que un retrato no es una imagén de la realidad, sino una imagen de la pintura. Recordemos la definición de la pintura que nos da Degas: Una combinación de líneas y de tonos donde todos, por sí mismos, se sobrevaloran. Efectivamente, la pintura es un universo en sí, no aparte, sino al margen del mundo. Color, forma, línea e incluso textura, son la sintáxis de este arte. Valgan dos ejemplos de carácter bipolar pero al alcance de la mayoría: la línea subordinada al contorno como expresión de la forma, es Modigliani; la línea en función de sí misma, como signo, es Picasso.
Ahora llevemos nuestra atención al polo opuesto, con Jean Dubuffet como ejemplo. Permitirme hablar de este o cualquier otro pintor fallecido, en presente, no solo porque ellos viven siempre a través de su obra, sino también, porque considero que La Muerte es la Mayor de las Mentiras. El señor Dubuffet es, como tantos, un detractor declarado del clasicismo, tanto su obra como sus escritos son un alegato contra cualquier tipo de academia. Él opina que un retrato no necesita parecerse a su modelo; sin embargo si observamos detenidamente sus retratos, además de ser cómicos y muy entrañables, encontraremos parecidos básicos inapelables con los retratados, desmintiéndose a sí mismo de manera inconsciente tal vez, ya que el señor Dubuffet, lo supiese o no, es un excelente retratista. Esto nos lleva al punto de partida, sin semejanza no hay retrato que valga. Esta regla será válida para los pintores de cualquier época, actuando como un cortafuegos frente a la malversación, el engaño y la mala praxis.
¿Pero cómo unos retratos de factura tan precaria como los de Jean Dubuffet parecen ser esos a quienes allí creemos ver? Esto sucede debido a la gracia de un don que el artista ha de poseer y dominar sine qua non: la habilidad de capturar el alma ajena. La antípoda a esto, serían algunas fotografías donde la carcasa visible del retratado, apenas es reconocible.
Explicaré ahora a qué me refiero cuando hablo de intoxicaciones. Por ejemplo pondré al cubismo, como agente tóxico de pretéritas formas de entender la pintura. La corriente cubista modifica su percepción de la apariencia a través de un lenguaje hecho de elementos geométricos básicos. Pero si atendemos a su más notorio exponente, Pablo Picasso, veremos que en plena etapa de cubismo analítico, en su retrato de Monsieur Vollard, galerista y marchante de arte parisino, el parecido con el retratado es innegable. Solo Pablo Picasso alcanza tales cotas de deconstrucción cubista sin traicionar el canon de similitud del retrato. Ni Juan Gris, ni George Braque, ni la legión de cubistas que vino detrás, pudieron llegar tan lejos. Esto nos indica que el arte del retrato, desde luego no es para todo el mundo, ni todo vale para esta empresa.
Pongo al arte conceptual ahora como el mayor agente tóxico del arte contemporáneo ¿Qué puede hacer el artista conceptual frente al retrato? Nada, si acaso rascarse la cabeza y si fuere más allá, demostrar claros sus límites. Un artista conceptual tratará de convencernos de haber realizado un retrato con palabras, a través del título de la obra o con un discurso que habrá de ir acompañando a esta necesariamente. Pero esto es literatura y no otra cosa; traición del arte silente. Esto me lleva a razonar que los vídeo-artistas e instaladores que ocupan hoy la escena de galerías y museos, deberían de actuar en los teatros, mostrando allí sus escenificaciones. Afirmo que tanto las acciones como las instalaciones son arte escénico. Lo suyo es puro teatro. Luego, su masiva intrusión en las galerías de arte y museos, es más que cuestionable. Por supuesto que se puede montar un tablao flamenco en una galería de arte, nada nos lo impide, pero, ¿hace falta? Esto me lleva a plantear una última cuestión; creo con sinceridad que ha llegado el momento de revisar qué cosas hemos estado guardando en los museos, para volver a preguntarnos luego, qué es el ARTE. 



 

http://www.sombradelaire.com.mx/

http://www.elmuseovirtual.com/ficha.php?menu_id=1&jera_id=872&page_id=1079

http://www.elmuseovirtual.com/ficha.php?menu_id=1&jera_id=1690&page_id=1603




 




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