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Francisco Parrilla Beneitez

LA MEJOR IDEA DE AUTO-AYUDA DEL SIGLO XXI Capítulo de la obra " (©) Fabrica tu propio pan y da de comer al hambriento" del mismo autor. Disponible en Internet en formato digital. Francisco Parrilla Benéitez
April 24 2020

El presente artículo, es un capítulo de la obra " (©) Fabrica tu propio pan y da de comer al hambriento" del mismo autor. Disponible en Internet en formato digital. Su contenido, puede ser copiado y usado (sin fines de lucro) por aquellas personas que lo deseen, siempre que cite su origen y autor del mismo.


La mejor idea de autoayuda del siglo XXI

Es indiscutible que, en el presente que vivimos, la mayoría de las religiones predominantes del mundo, las que más fieles o creyentes tienen como seguidores de sus dogmas o ideas, han perdido credibilidad, se han enfriado o han olvidado el contenido original en que sustentaban sus enseñanzas. De ahí que, en la actualidad, cada día que pasa pierdan creyentes, precisamente porque encuentran vacías las ideas y los argumentos que utilizan para enseñar la doctrina en la que se apoyan. A su vez, estos creyentes son un tipo de persona que empieza a dejar de creer, para convertirse en un ser humano que siente en su interior que sigue sin saber nada sobre los grandes enigmas que siempre han inquietado a la humanidad, entre éstos, el misterio del más allá. Como la doctrina o religión en la que creen no ha logrado esclarecer ni descifrar esos enigmas, ellos intentan buscar a quienes los puedan orientar con verdadera sinceridad.

Con este capítulo, estimado lector, quiero dejar claro algo que, en el mundo actual, la gran mayoría de las personas consideran que es una novedad o un fruto de esta moderna sociedad. Esto es la tan difundida literatura llamada de autoayuda, cuyo éxito radica principalmente en una incapacidad de aquellos que representan las doctrinas religiosas ya citadas y también de los “sabios” modernos, en cuanto a mostrar al ser humano el conocimiento que toda enseñanza religiosa posee en su origen. Ellos sabrán por qué.

No podemos negar, por haberlo comprobado, que dentro de esta literatura de autoayuda, como sucede con la mayoría de las cosas, existen obras con un buen contenido, en especial psicológico y sociológico, que efectivamente pueden servir de ayuda para aquellos que consiguen desarrollar las ideas que presentan. Pero también es necesario explicar que la literatura llamada de autoayuda ha existido siempre y lo más importante es que este tipo de literatura anterior a la actual supera con creces a la moderna, que podríamos catalogar como de preescolar dentro de una escala objetiva, en lo que se refiere a un tipo de enseñanza o literatura útil para el desarrollo humano.

Para esclarecer la afirmación anterior, que no trata de desprestigiar este tipo de obras literarias, vamos a entrar más de lleno en este capítulo y ver el fundamento de dicha afirmación.

Primeramente, analicemos la palabra autoayuda para ver qué nos dice el diccionario.

Inmediatamente encontramos que esa palabra está compuesta de dos partes.

 

 

Veamos qué significan por separado y después unidas.

 

 

De esta manera tendríamos que autoayuda significa ayudarse a sí mismo. Claro que, en este caso, el único papel de la literatura moderna que trata este campo es provocar la chispa, el interés que haga que una persona desarrolle determinada idea que va a ser beneficiosa para su vida.

Pero volviendo a la afirmación citada más atrás, en la escala de adquirir conocimiento, suponiendo que ese conocimiento fuera el mar, dicha literatura quedaría tan sólo en la superficie. Curiosamente, la rica vida o conocimiento que contiene este mar alegórico hay que buscarla más en su fondo.

Concluyendo esta parte, diremos simplemente que este tipo de libros sirve, en la gran mayoría de los casos, más para enriquecer a su autor que para entregar un conocimiento completo, auténtico y objetivo. Por supuesto que hay excepciones, como en todo, y algunos autores sí son verdaderos investigadores, pero eso no quita que estos últimos sean los que se quedan en la superficie de ese mar lleno de conocimiento. La otra parte, los que persiguen más la fama y el dinero, ni siquiera está en esa superficie, sino que es como la brisa marina que tan sólo tiene olor y sabor a sal, pero nada comparable con el mar real.

Con todo esto, no quiero desacreditar lo que haga cada cual, ya sea en la literatura o en su vida. Y por eso he de decir que el que escribe esta obra no se considera un sabio para juzgar, más bien lo que me sobra es ignorancia, pero esa ignorancia me sirve primeramente para aceptarla y después para aprehender y dejar de ser ignorante. Debido a esto, trato de aportar mi punto de vista personal a la hora de analizar una obra literaria, un fenómeno social o natural.

Ahora examinaremos una parte de la literatura del pasado, a veces no tan lejano, para adentrarnos en ese mar del conocimiento y buscar en sus profundidades lo que a través de miles de años se nos viene enseñando y nosotros no apreciamos o quizá hasta rechazamos. Me estoy refiriendo a la autoayuda real y objetiva.

Para ello, resumiremos en forma de citas lo que sabios de todos los tiempos, latitudes y culturas nos han revelado para que nos autoayudarnos:

 

“No creáis en nada simplemente porque lo diga la tradición, ni siquiera aunque muchas generaciones de personas nacidas en muchos lugares hayan creído en ello durante muchos siglos.

No creáis en nada sólo por el simple hecho de que muchos lo crean o finjan que lo creen.

No creáis en nada sólo porque así lo hayan creído los sabios de otras épocas.

No creáis en lo que vuestra propia imaginación os propone, cayendo en la trampa de pensar que Dios os inspira.

No creáis en lo que dicen las sagradas escrituras sólo porque ellas lo digan.

No creáis a los sacerdotes ni a ningún otro ser humano.

Creed únicamente en lo que vosotros mismos habéis experimentado, verificado y aceptado después de someterlo al dictamen de la razón y a la voz de la conciencia”.

Buda Sakyamuni (nombre con el que suele designarse a Sidarta Gautama, siglo VI a.C.), fundador del budismo.

 

“Lo que quiere el sabio lo busca en sí mismo; el vulgo lo busca en los demás”.

Confucio (552-479 a.C.), fundador del confucionismo.

 

“Homo nocete ipsum [Hombre, conócete a ti mismo]”.

Templo de Apolo (Delfos, Grecia); se dice que estas palabras estaban inscritas en la puerta.

 

“No por mucho enseñarle aprende el hombre a ser inteligente”.

Heráclito (550-480? a.C.), filósofo griego.

 

“La única cosa que sé es saber que nada sé; y esto cabalmente me distingue de los demás filósofos, que creen saberlo todo”.

“El mayor de todos los misterios es el hombre”.

Sócrates (470-399 a.C.), filósofo griego. Se supone que no escribió nada ni profesó enseñanza oficial, sino que cuestionaba todo saber adquirido adoptando una postura de no saber. Los escritos antiguos que existieron sobre él nos han llegado gracias a Platón, Jenofonte, Aristófanes, Aristóteles y Aristoxeno.

 

“Si de veras quieres saber lo que vale tu persona, deja a un lado tu dinero, tu casa, tu posición social y examina tu propia intimidad”.

“Primero someto a meditación las cosas que ponen paz en el alma y me examino a mí mismo, sólo después examino este mundo”.

Séneca, Lucio Anneo (3 a.C.-65 d.C.), escritor, filósofo y político latino.

 

“10 - Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?

11 - Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos, mas a ellos no les es dado.

12 - Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.

13 - Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.

15 - Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los oídos oyen pesadamente, y han cerrado sus ojos; para que no vean con los ojos, y oigan con los oídos, y con el corazón entiendan.

16 - Pero bienaventurados vuestros ojos porque ven; y vuestros oídos porque oyen”.

Sagrada Biblia, Mateo, cap. 13, vers. 10, 11, 12, 13, 15 y 16.

“Conocerse a sí mismo, la más útil de las ciencias.

Ésta es la más profunda y útil de las ciencias: el verdadero conocimiento de sí mismo”.

Tomás Hemerken Kempis (llamado Tomás de Kempis, Kempen, 1379 o 1380-1471), escritor y místico ascético alemán.

 

“Olvido de lo creado, memoria del Creador, atención a lo interior y estarse amando al Amado”.

San Juan de la Cruz (1542-1591), místico cristiano español.

 

“No se puede ser dueño de sí mismo si no se conoce uno mismo”.

Baltasar Gracián (1601-1658), místico cristiano español.

 

“Quien se conoce a sí mismo conoce a su Señor”.

Mahoma o Mohamed (570-632), fundador del Islam.

 

“Cómo quisiera saber quién soy y qué es lo que en este mundo busco.

Lo que contiene esta última sección es fuente de risa para el que no piensa y un aviso para el hombre cabal. El que ha escuchado el aviso y sufrido una fuerte reacción debe culparse a sí mismo. Quizá no está hecho para esto.

Pero se ha dotado de todo al que ha sido creado expresamente para ello”.

Abú Alí al-Husayn ibn Sina (conocido como Avicena, 980-1037), filósofo y médico islámico persa.

 

“Aun cuando el saber no tuviese otro propósito que hacer que el ignorante os respete y que el erudito os estime y honre, sería lo bastante para ir en pos de él.

¿Cómo es posible no buscar la sabiduría a la vista de sus muchas ventajas en esta vida y en la futura?”

El anatema de la ignorancia es causa de males en esta vida y en la futura.

Ibn Hazm (994-1063), poeta y místico de Al-Andalus.

 

“¿Qué es lo que el hombre debe buscar en esta vida? Puesto que la parte de cognoscente del hombre es la mejor, lo que es preciso buscar sobre todo es el conocimiento.

Pero lo que es más necesario conocer en materia de conocimiento es conocerse a sí mismo, a fin de que el hombre conozca con ello claramente las cosas que están fuera de él, pues su esencia comprende todas las cosas y las penetra, y todas las cosas están sometidas a su poder.

También debe buscar el conocimiento de la causa final en virtud de la cual ha sido creado; y es preciso que la estudie ampliamente, pues así es como alcanza la felicidad”.

Salomón ben Yehuda Abú Ayub ibn Gabirol (conocido como Avicebrón, 1021-1059), poeta y filósofo hebraico de Al-Andalus.

 

 

“El conocimiento de sí mismo es la gnosis, o sea, el conocimiento de Alá.

El que no se conoce es un ciego de nacimiento y hasta que no se acabe su ceguera, natural o adquirida, no podrá comprender lo que queremos decir.

Nuestra conversación es con el que busca con firme intención y perfecta sinceridad obtener el conocimiento de su proprium [alma], el conocimiento de Alá”.

Ibn Arabi o Mohamed ibn ‛Alí ibn ‛Arabi (1165-1240), místico hispanoárabe sufí.

 

“No se puede poseer mayor gobierno, ni menor, que el de uno mismo”.

Leonardo da Vinci (1452-1519), pintor, escultor, arquitecto y sabio italiano.

 

“¡Oh, vosotros, que gozáis de sano entendimiento; descubrid la doctrina que se oculta bajo el velo de tan extraños versos!”

Dante Alighieri (1265-1321), poeta y sabio italiano.

 

“Aquel que ríe de lo que desconoce está en camino de ser idiota”.

Victor Hugo (1802-1885), escritor francés.

 

“Si perdemos el sentido del misterio, la vida no es más que una vela apagada.

Lo importante es no dejar de hacerse preguntas”.

Albert Einstein (1879-1955), físico alemán y Premio Nobel de Física en 1921.

 

“Saber quién es, de dónde viene y hacia dónde va ha sido siempre la aspiración fundamental del hombre.

A esa necesidad primordial responde la gnosis. El término griego gnosis significa conocimiento. Conseguir el conocimiento integral de sí mismo y del universo, de nuestro destino material y espiritual, es el verdadero objetivo de los estudios gnósticos”.

Samael Aun Weor, sabio y gran investigador del siglo XX. Esoterista, filósofo, místico, poeta y científico de los principios gnósticos, así como impulsor y promotor de los basamentos del gnosticismo de todos los tiempos y culturas.

 

Cuando dejes de repetir

lo que otros ya dijeron

y bases tu entendimiento en tu propio juicio,

entenderás lo que la vida trata de enseñarte.

El autor.

 

 

 

 

Otros sabios reconocidos que con sus enseñanzas nos brindan una autoayuda real y objetiva son los siguientes:

 

 

Como podrás observar, estimado lector, sólo hemos incluido una mínima parte de esta clase de literatura para ilustrar el capítulo, pues las ideas que transmite no sólo se encuentran escritas en libros, sino que también las hallamos en cierto tipo de arte que se pierde en los orígenes de la humanidad.

Advertirás que no es muy difícil descubrir cuál es la idea fundamental que esa autoayuda inmortal de todos los tiempos y culturas nos trata de transmitir. No obstante te diré, para dejarlo totalmente claro, que la misma no es otra que conocerse a sí mismo y, por extensión, conocer nuestro verdadero origen, el sentido y el porqué de la vida, el misterio de la muerte, las causas del sufrimiento humano, la fuente de la felicidad, etcétera.

Tan sólo depende de nosotros querer buscar este tipo de literatura, querer estudiarla y querer llevarla a la práctica.

 

“Buscad y hallaréis.

Pedid y se os dará.

Llamad y se os abrirá”.

Sagrada Biblia.




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